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El deportista perfecto, una mezcla entre Lionel Messi y otros nueve atletas

Una fusión de personajes que confluyen sonrisas y penas, aciertos y errores, todo para ser mejores. Un extracto sobre el capitán de la Selección Argentina y sus inicios, del nuevo libro de Miguel Simón.

Por Redacción EG ·

30 de noviembre de 2022

EL DEPORTISTA PERFECTO no existe ni existirá. Resulta imposible corporizarlo en una sola persona. Sin embargo se puede realizar una combinación entre varios de primer nivel para intentar crearlo.

Se trata de la mezcla de los diez atletas magníficos, hecha por el periodista Miguel Simón y el ilustrador Costhanzo, que retratan con una sabiduría notable y un despliegue de historias desconocidas: Lionel Messi, Serena Williams, LeBron James, Manny Pacquiao, Valentino Rossi, Simone Biles, Lewis Hamilton, Sonny Bill Williams y Cristiano Ronaldo.

“Nuestro deportista perfecto es la mezcla de sonrisas y penas, de aciertos y errores. Intentamos encontrar la esencia de increíbles personalidades, quienes nos condujeron a sus orígenes y a bucear en pequeños detalles para entenderlos mejor. Además, la historia, para que sea completa, no debe ser narrada exclusivamente por los vencedores. Por eso abundan los actores de reparto, cuyas búsquedas sin final feliz y sueños incumplidos cumplen un papel fundamental en el aporte de enseñanzas”, sostiene Simon, autor de El deportista perfecto, editado por Planeta.

CRECER - LIONEL MESSI

Lionel siempre fue distinto, desde que, gambeteando la utilización del fórceps, nació de manera natural, con la oreja derecha doblada por el intenso trabajo de parto. El ginecólogo Norberto Odetto, en el Hospital italiano Garibaldi de Rosario, tranquilizó rápidamente a la mamá Celia, empleada en un taller de bobinas magnéticas, y al papá Jorge, jefe de sección en la empresa siderúrgica Acindar. “Mañana estará bien”, dijo acerca de la oreja del bebé que había nacido pocos minutos antes de las seis de la madrugada del 24 de junio de 1987, con un peso de 3,6 kg y una estatura de 47 cm.

Piqui, como lo apodaron sus primeros compañeros en la Escuela Nº 66 del barrio General Las Heras, siempre estuvo empecinado en crecer, una búsqueda que excedió al diagnóstico de Diego Schwarzstein, quien le detectó, en 1997, un déficit parcial en la hormona de crecimiento. El endocrinólogo, que, vaya paradoja, había completado su especialización en Barcelona, recibió a Messi, derivado por Newell’s, para determinar si sufría una patología evolutiva. Cerca de cumplir los diez años, la promesa del club rosarino medía 125 cm, 11 menos de lo que indicaba cualquier tabla percentil infantil. A nadie se le escapaba el lento desarrollo físico y el veloz avance futbolístico de una de las joyas de la cantera leprosa. Su hermano Matías sintetizó a la perfección lo que resaltaba cada fin de semana. “Pasaba a los rivales como si nada, aunque la pelota fuera más grande que él”.

(...) El elevado costo de las aplicaciones (860 dolares mensuales), los vaivenes económicos de la Argentina a inicios del siglo, las escasas respuestas de Newell’s, y también de River, que lo probó y se maravilló pero quiso delegar en el padre la obtención del pase libre, empujaron a Lionel hacia Barcelona.

A los trece años se presentó entonces, con sus 147 cm, a una prueba de dos semanas en el Barcelona FC, debido a un contacto de Fabián Soldini — representante del primo de Leo— con Horacio Gaggioli, agente argentino que residía en la Ciudad Condal y que había estado a punto de mudarse a Madrid, lo que quizá hubiese variado el destino del “Diez” por el Real Madrid o el Aleti.

 

Imagen El deportista perfecto, la combinación de diez atletas magníficos.
El deportista perfecto, la combinación de diez atletas magníficos.
 

“Yo no lo conocía y la verdad que lo primero que pensé al verlo —recuerda sonriente Gaggioli— fue que me habían engañado. Era chiquito, con unas piernitas tan flacas como un dedo de mi mano. Me dije: '¡Qué mal que voy a quedar, qué he traído, Dios mío!'. El intermediario sabía que el camino hacia la primera división estaba repleto de vallas, y eso que aún no se consideraban ciertas estadísticas que grafican lo complejo que resultaba alcanzar el objetivo.

Cuando Lionel desembarcó en España había 83.801 niños federados en infantiles. De los nacidos en 1987, 48 llegaron a la elite, entre los que sobresalieron Piqué, Cesc, Koke y Granero. Si se desmenuzan los números, que se mantuvieron estables durante una década, salta a la vista que solo uno de casi mil ochocientos lograba desembocar en la división superior. En las últimas temporadas el grado de dificultad aumentó exponencialmente. Los cupos en la punta de la pirámide no variaron y, en 2020, había 127.000 inscriptos en la categoría de base, alrededor de cuarenta y tres mil más que el día que Messi llegó a Cataluña.

(...) La primera encrucijada surgió rápido, tal cual lo recordó Messi para el diario Sport, en una nota publicada al cumplir setecientas presencias oficiales con el Barsa, en noviembre de 2019. “El comienzo fue duro, feo, únicamente entrenaba. Y, además, me tocó superar lesiones. En el segundo partido me lastimé y estuve noventa días parado. Ni en esos tiempos difíciles se me cruzó por la cabeza volver. Mis hermanos habían regresado a la Argentina y después lo hizo mi mamá con mi hermana María Sol. Ella era la más chiquita y le costó mucho la adaptación al colegio. Ya sin el resto de la familia, mi papá me preguntó qué quería hacer, si seguir o volvernos, que la decisión era mía, que él me apoyaría en lo que resolviera. Yo siempre tuve claro que iba a quedarme...”. El crucial diálogo se produjo durante la rehabilitación de Lionel tras la fractura de peroné sufrida en marzo de 2001, a la semana siguiente del debut con gol incluido frente al Amposta.

*Extracto de El deportista perfecto, de Planeta